Acerca de mí
Soy licenciado en Filología Hispánica y especialista en Literatura Española. Durante toda mi vida profesional me he dedicado al mundo del libro, en sus vertientes más diversas, hasta poder considerarme un verdadero experto en esta materia.
Como escritor, publiqué el año 2018 mi primera novela, La Estrella de África, y a finales del año 2024 se lanzó al mercado la segunda, titulada Los relieves ocultos. La ilusión por conseguir que mi segunda novela tuviera una buena difusión me empujó a crear esta página web personal. Acabo de lanzar la segunda edición, en esta ocasión dando inicio a un nuevo proyecto de autopublicación con el sello Malacabeza Ediciones.
También he escrito algunas biografías, como la de Juana I de Castilla en Nowtilus Ediciones, o las de Carlo Acutis y San Benito, ambas publicadas por Ediciones San Pablo, sello que también ha editado la de Santiago Apóstol, titulada El hijo del trueno (mayo de 2025), y con quienes tengo otros libros en fase de creación. Con la editorial Everest he escrito una edición adaptada para jóvenes de El Caballero de Olmedo de Lope de Vega, y a primeros de 2025 vio la luz una original Antología de poesía española enfocada a estudiantes, comentada y anotada.
Mis primeros libros fueron también biografías de grandes personajes, pero en este caso enfocadas al publico infantil, editadas por Susaeta en un precioso formato ilustrado. Son las de Albert Einstein, Miguel de Cervantes, Santa Teresa de Jesús, Isabel la Católica y El Greco.
Tengo una dilatada experiencia laboral en compañías españolas y multinacionales del ámbito editorial. Soy un buen conocedor del sector, y presumo de tener un amplio grupo de amigos y conocidos en las principales distribuidoras, librerías y centrales de compra de grandes cuentas, tanto en España como otros países de habla hispana. El libro no solo ha sido siempre mi pasión, sino también mi modo de vida.
“Aseguro que, habiendo sido mi nacimiento, mi crianza y toda la ocupación de mi vida entre los libros, jamás tomé alguno en mi mano deseoso del entretenimiento y la enseñanza que me podían comunicar sus hojas. El miedo al ocio, la necesidad y la obediencia a mis padres me metieron en el estudio y, sin saber lo que me sucedía, me hallé en el gremio de los escolares, rodeado del vade y la sotana. Cuando niño, la ignorancia me apartó de la comunicación de las lecciones; cuando mozo, los paseos y las altanerías no me dejaron pensar en sus utilidades; y cuando me sentí barbado, me desconsoló mucho la variedad de sentimientos, la turbulencia de opiniones y la consideración de los fines de sus autores.
A los libros ancianos aún les conservaba algún respeto; pero después que vi que los libros se forjaban en unas cabezas tan achacosas como la mía, acabaron de poseer mi espíritu, el desengaño y el aborrecimiento. Los libros gordos, los magros, los chicos y los grandes, son unas alhajas que entretienen y sirven en el comercio de los hombres. El que los cree, vive dichoso y entretenido; el que los trata mucho, está muy cerca de ser loco; el que no los usa, es del todo necio. Todos están hechos por hombres y, precisamente, han de ser defectuosos y oscuros como el hombre. Unos los hacen por vanidad, otros por codicia, otros por la solicitud de los aplausos, y es rarísimo el que para el bien público se escribe. (...)
Muchos libros hay buenos, muchos malos e infinitos inútiles. Los buenos son los que dirigen las almas a la salvación por medio de los preceptos de enfrenar nuestros vicios y pasiones; los malos son los que se llevan el tiempo sin la enseñanza ni los avisos de esta utilidad; y los inútiles son los más de todas las que se llaman facultades. Para instruirse en el idioma de la medicina y comer sus aforismos basta un curso cualquiera, y pasan de doce mil los que hay impresos sin más novedad que repetirse, trasladarse y maldecirse los unos a los otros; y lo mismo sucede entre los oficiales y maestros que parlan y practican las demás ciencias. Yo confieso que para mí perdieron el crédito y la estimación los libros después que vi que se vendían y apreciaban los míos, siendo hechuras de un hombre loco, absolutamente ignorante y relleno de desvaríos y extrañas inquietudes.”
Villarroel, Diego de Torres. Vida
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